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sábado, 23 de noviembre de 2013

Alas

El aeropuerto es un lugar al que llegan muchos taxis y a veces está lleno de extranjeros y revistas. En los aeropuertos hace siempre tanto frío que siempre instalan una farmacia para vender medicinas a las personas propensas. Yo soy propensa desde pequeña. En los aeropuertos la gente bosteza casi tanto como en las escuelas. En los aeropuertos las maletas siempre pesan veinte kilos así que podrían ahorrarse las balanzas. En los aeropuertos no hay cucarachas. En mi casa sí hay porque no es un aeropuerto. A los jugadores de fútbol y a los presidentes siempre los fotografían en los aeropuertos y salen muy peinados, pero a los toreros casi nunca, y a los toros menos. Será porque a los toros les gusta viajar en ferrocarril. A mí también me gusta muchísimo. Las personas que llegan a los aeropuertos son muy abrazadoras. Cuando una se lava las manos en el aeropuerto quedan limpias pero arrugaditas. Yo tengo una amiguita que roba papel higiénico en los aeropuertos porque dice que es más suave. Las aduanas y los carritos para equipajes son las cosas más bellas que tiene el aeropuerto. En la auduana hay que abrir la maleta y cerrar la boca. Las azafatas caminan juntas para no perderse. Las azafatas son michísimo más linadas que las maestras. Los esposos de las azafatas se llaman pilotos. Cuando un pasajero llega tarde al aeropuerto, hay un policía que agarra el pasaporte y le pone un sello que dice: este niño llegó tarde. Entre las cosas que a veces llegan al aeropuerto está por ejemplo mi papá. Los pasajeros que llegan siempre les traen regalos a sus hijitas, pero mi papá, que llegará mañana, no me traerá ningún regalo porque estuvo preso político cinco años y yo soy muy comprensiva. Nosotros frecuentamos mucho los aeropuertos sobre todo cuando viene mi papá. Cuando el aeropuerto está de huelga es mucho más fácil conseguir taxi para el aeropuerto. Hay muchos aeropuertos que además de taxis tienen aviones. Cuando los taxis están en huelga los aviones no pueden aterrizar. Los taxis son la parte más imporante del aeropuerto.


Primavera en una esquina rota
Mario Benedetti. 

sábado, 16 de noviembre de 2013

Pongamos que hablo de Madrid


Hace unos días cayó en mis manos.
Podemos elegir dónde vivimos, pero no podemos elegir de dónde venimos.

Madrid es muchas cosas. Pero sobre todo es sólo una.
Un sentimiento común. Una sutil complicidad.
Una sincera convicción de que lo pasa aquí
no pasa en ningún otro lugar del mundo.

Madrid sólo pasa en Madrid.

Una ciudad. Un sentimiento. Un callejón.
Una voz. Un olor. Una puesta de sol.
Un atasco. Una calle desierta. Un agosto. 
Un diciembre. Un vagón de metro. Una mirada.
Dos miradas. Una fiesta. Un lunes.
Un sabor. Un regreso. Una vocación.
Un instinto. Un jardín. Un banco. Una historia.
Una siesta. Un futuro. Una emoción.
Una llamada. Una mano. Un beso. Un cartel.
Una tienda. Un museo. Una noche en vela.
Una posibilidad.

Madrid sólo pasa en Madrid.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Siria ya no es

ACNUR/UNHCR
"Dice que hay tanto polvo en el campo que querría quitarte las mariposas que tienes tatuadas en el brazo y guardarlas en el bolsillo para que no se les rompan las alas y sigan limpias y suaves."

lunes, 28 de octubre de 2013

Bebimos democracia tan rápido que la resaca nos dura más de 30 años

"La democracia es una fachada detrás de la cual sólo hay unas cuantas vigas carcomidas por la polilla, llenas de polvo y excrementos. Los poderes políticos y económicos pretenden mantener la decorativa fachada del edificio democrático e impiden -con sus discursos machacones (reiterativos y pesados) y con otros métodos- que verifiquemos que detrás de la fachada existe algo todavía. A la democracia hay que arrancarla del inmovilismo, de la rutina y de la falta de credibilidad en sus propias virtudes; los factures rutina y falta de fe en sí misma son los que convienen a los poderes económicos y políticos. Si junto a la democracia política y, en un mismo plano, se situara la democracia económica y cultural, otras serían nuestras sociedades, otro nuestro mundo. Quizás todavía no sea demasiado tarde para pensar."

José Saramago. 

lunes, 14 de octubre de 2013

Son los árboles los que se caen de las hojas

"Ver no es lo mismo que mirar, y al mirar no todas las personas ven lo mismo.
Como escuchar no es lo mismo que entender.
Hay quien no sabe escuchar, y quien aun sabiendo, no entiende una palabra de lo que escuha."

AG Estaciones de paso.


martes, 10 de septiembre de 2013

Culumeta


“Después iba al piso y entraba en la habitación pequeña.
Una vez, una paloma salió volando por el agujero de la trampa, como un grito.

Y en lugar de espantar a las palomas para que aborreciesen las crías, me puse a coger los huevos  y a sacudirlos con rabia.

…Dejé el cuchillo encima de la consola  y empecé a desnudarme.
Antes cerré los postigos y por la rendijita entraba la claridad del sol y fui hasta la cama y me senté y me descalcé.

El somier crujió un poco, porque era viejo y ya hacía tiempo que teníamos que cambiarle los muelles.
Tiré de las medias como si tirase de una piel muy larga, me puse los escarpines y entonces me di cuenta que estaba helada.

Me puse el camisón descolorido de tanto lavarlo.
De uno en uno me abroché los botones hasta el cuello, y también me abroché los botoncitos de las mangas.
Haciendo que el camisón me llegase hasta los pies, me metí en la cama y me arrebujé.
Y dije,  hace buen día.

La cama estaba caliente como la panza de un gorrión, pero el Antoni temblaba.
Le sentía castañetear los dientes, los de arriba contra los de abajo o al revés.
Estaba vuelto de espaldas y le pasé un brazo por debajo de su brazo y le abracé por el pecho. Todavía tenía frío.

Enrosqué  las piernas con sus piernas y los pies con sus pies y bajé la mano y le desaté la atadura de la cintura para que pudiera respirar bien. Le pegué la cara a la espalda y era como si sintiese vivir todo lo que tenía dentro, que también era él: el corazón  lo primero de todo y los pulmones y el hígado, todo bañado con jugo y sangre.

Y  le  empecé a pasar la mano poco a poco por el vientre porque era mi pobrecito inválido y con la cara contra su espalda pensé que no quería que se me muriera nunca y le quería decir lo que pensaba, que pensaba más de lo que digo, y cosas que no s e pueden decir, y  no dije nada.

Los pies se me iban calentando y nos dormimos así;  y antes de dormirme, mientras le pasaba la mano por el vientre, me encontré con el ombligo y le metí el dedo dentro para taparlo, para que no se me vaciase todo él por allí…

Todos cuantos nacemos, somos como peras…para que no se escurriese todo él como una media.
Para que ninguna bruja mala me lo sorbiese por el ombligo y me dejase sin el Antoni.
Y nos dormimos así, poco a poco, como dos ángeles de Dios,  él hasta las ocho y yo hasta las doce bien dadas…

Y cuando me desperté de un sueño de tronco, con la boca seca y amarga, toda yo  como salida de la noche de cada noche, que aquella mañana era mediodía,  me levanté y me empecé a vestir como siempre un poco sin darme cuenta, con el alma guardada todavía dentro la cáscara del sueño.

Y cuando me puse de pie me sujeté las sienes con las manos y sabía que había hecho algo diferente pero me costaba pensar en lo que había hecho.

Y si lo que había hecho, que no sabía si lo había hecho, lo habría hecho algo despierta o muy dormida, hasta que me lavé la cara y el agua me despabiló…y  me puso color en las mejillas y luz en los ojos.
No hacía  falta almorzar porque era muy tarde. Sólo beber un poco de agua para quitarme el fuego de la boca…

El agua estaba fría  y eso me hizo recordar que el día antes, por la mañana, había llovido mucho y pensé que por la tarde, cuando fuese al parque como siempre,  a lo mejor encontraba charcos de agua en los senderos…y dentro de cada charco, por pequeño que fuese, estaría el cielo…el cielo que a veces rompía un pájaro…un pájaro que tenía sed y rompía sin saberlo el cielo del agua con el pico…o unos cuantos pájaros chillones que bajaban de las hojas como relámpagos, se metían en el charco,
se bañaban en él con las plumas erizadas y mezclaban el cielo con fangoy con picos y con alas…”

La plaza del diamante
M. Rodoreda  

miércoles, 28 de agosto de 2013

Por ahí va ese corderito, algo tierno, ya ves

''Ella ofrece su mejilla como cuando él le llevó las rosas y él se quita el sombrero y le besa en las dos. Cuando se aleja, después de verla entrar, se lleva consigo una suavidad en los labios, un roce de cabellos en su frente, un sereno perfil en su memoria.''

La sonrisa etrusca
JL Sampedro.